Revista K-Barakaldo

El euskera en barakaldo, el testimonio de Bonaparte

Mikel Gorrotxategi Nieto

La historia del euskera está escasamente documentada, por lo que es imposible saber cuándo se perdió en algunos lugares de nuestra geografía. Sin embargo, tenemos elementos para afirmar que el euskera fue la lengua propia de Barakaldo. Así lo demuestra, por ejemplo, la toponimia, que sigue “hablando” dicha lengua, e igualmente los testimonios de vascoparlantes originarios de esta anteiglesia que, de forma ininterrumpida, podemos encontrar en la documentación histórica y aún en la actualidad. Casos como el del barakaldotarra Pedro de Allende Zaballa, intérprete de euskera en el ayuntamiento de Portugalete en el siglo XVIII, o el de Concepción de Tellitu, en el mismo siglo, ambos perfectamente documentados, no deben ser considerados hechos aislados. Ese fino hilo de transmisión de la lengua no llegó nunca a romperse, como demuestra, aún hoy día, Juanita de Agirre, una de las últimas habitantes del barrio de Larrazabal, bajo Santa Águeda. Ellos han convivido con las nuevas generaciones que, tras aprender el euskera siendo adultos, lo han transmitido a sus hijos.

Louis Lucien Bonaparte (1813-1891)

Para analizar con más precisión la historia del euskera en Barakaldo es imprescindible conocer el contenido de dos cartas que, en 1864 y 1866, escribió Fray José Antonio Uriarte Adaro a Louis Lucien Bonaparte. Este último, fundamental en la historia de nuestra lengua, es conocido (en el mejor de los casos), por ser el nombre de una calle, o por su sonoro apellido que hiciera famoso su tío, el emperador de Francia.

Louis Lucien Bonaparte Bleschamp (Thorngrove, Inglaterra 1813 – Fano, Italia 1891) fue un inquieto europeo, nacido en Gran Bretaña de padre francés y madre británica. Vivió a caballo entre esos dos países e Italia, pero viajó a multitud de lugares del continente, entre ellos a Euskal Herria, llevado por su afán de conocimiento, en un principio sobre la ciencia y, posteriormente, sobre la filología.

Era hijo de Luciano Bonaparte, hermano de Napoleón, y de Alexandrine de Bleschamps Jouberthou de Vamberthy y, consecuentemente, sobrino del emperador Napoleón. Cuando él contaba un año de vida, la familia fijó su residencia en Canino, en la provincia de Viterbo (Italia). En el año 1815 fue declarado Príncipe Imperial, aunque no lo fue efectivamente hasta 1853. Unos años antes, en 1848, abandonó Italia para trasladarse a Francia, donde había sido elegido diputado de la Asamblea Nacional por Córcega. Un año después lo fue por el departamento de Sena. Tras la caída de su primo Napoleón III en 1870, se trasladó a Gran Bretaña. A lo largo de esos años en que se dedicaba a la acción política, también realizaba aportaciones a la química, a la mineralogía y a la lingüística, siendo esta última la que le ganó el paso a la historia.

Louis Lucien Bonaparte viajó a Euskal Herria en cinco ocasiones entre 1856 y 1869. Fruto de esos viajes, en los que alcanzó un gran dominio del euskera y sus dialectos, y de un trabajo ímprobo, para el que contó con la ayuda de colaboradores vascos, realizó la clasificación de los dialectos vascos que prácticamente se ha usado hasta el siglo XXI. De los trabajos publicados destacan “Cartes des Sept Provinces Basques montrant la délimitation actuelle de l’Euscara et sa division en dialectes, sous-dialectes et varietés” (1866)y “Le verbe basque en tableaux” (1869). En su clasificación se recogen tres grandes grupos, ocho dialectos, veinticinco sub-dialectos y hasta cincuenta variedades. No sólo se dedicó al euskera. También promovió la traducción del Evangelio de San Mateo al gallego y estudió los dialectos ingleses, italianos, sardos y albaneses.

En el caso del euskera, los colaboradores de Bonaparte fueron Jean Duvoisin, el principal, nacido en Ainhoa en 1810, quien le escribió 176 cartas; Bruno Etxenike, nacido en Urdazubi en 1819, traductor del Evangelio de San Mateo al euskera de Baztan; Claudio Otaegi nacido en Zegama en 1836 pero que vivió en Hondarribia hasta su muerte en 1890 y que emparentó políticamente con Bonaparte al contraer matrimonio su cuñada con el investigador francés. Otros fueron, por citar los más conocidos, el padre Ibarnegarai de Baigorri, Emmanuel Intxauspe de Zunharreta, el padre Joan Eloi Udabe, el sacerdote Cazenave de Mithiriña, A. Salaberri y el que tiene más interés para nosotros, Fray José Antonio Uriarte.

Bonaparte encargó traducciones de textos religiosos, normalmente de los Evangelios, y realizaba encuestas para fijar los límites de los diferentes dialectos, así como el uso del euskera correspondiente a cada localidad. Claudio Otaegi dio testimonio de su tesón con la siguiente anécdota: Bonaparte había celebrado una reunión con sacerdotes cerca de Pamplona, a fin de profundizar en el conocimiento del euskera de la zona. A la salida, había sido tan estricto el “interrogatorio”, que uno de los sacerdotes le dijo a Claudio: “Fortuna, que no le ha dado a éste, como a su tío, por la guerra; porque, si no, ni Dios para en este mundo”.

El autor de las cartas, José Antonio Uriarte Adaro (1812-1869)

En la materia que nos ocupa, Barakaldo, se conservan dos cartas enviadas por José Antonio Uriarte a Bonaparte. En ellas recoge el uso del euskera en Barakaldo. La primera es de 1864, y la segunda dos años posterior, de 1866.

Al afirmar en su carta de 1866 que había estado en Barakaldo, debemos suponer que en 1864 no viajó a la anteiglesia, recogiendo la información de forma indirecta. Probablemente, el viaje en 1866 serviría para verificar aquella primera información. Curiosamente, los datos aportados en las cartas, pese a ser de diferentes autores, son similares. Esto no es extraño si observamos quién fue Uriarte y la meticulosidad de sus trabajos y su entrega a los mismos.

José Antonio Uriarte Adaro nació en Arrigorriaga en 1812 y falleció en el convento de los Franciscanos de Zarautz en 1869. En 1829 entró en el convento franciscano de Bermeo y, tras estudiar en Labastida, se trasladó a Bilbao. Posteriormente, como consecuencia de la Guerra Carlista y las exclaustraciones, marchó a Azpeitia, donde tomó los hábitos en 1836.

Claustro del convento de San Francisco de Bermeo, donde ingresó José Antonio Uriarte en 1829. Volvió a residir allí a partir de 1859 y desde allí envió la carta de 1866 a Luis Luciano Bonaparte

Este año Euskal Herria vivía en su tercer año de guerra, una guerra en la que la iglesia no era neutral. Es necesario recordar que buena parte del clero era partidaria de la causa carlista, por lo que en marzo de 1834 el gobierno ordenó la supresión de todos aquellos conventos en los que sus monjes (al menos una sexta parte), hubieran dejado el claustro para unirse a la “facción” (el carlismo). La medida afectaba igualmente a aquellos en los que se hubiera fabricado armas, o pertrechos de guerra, y los que hubieran alojado juntas subversivas. Poco después, en octubre de 1834 se ordenó la supresión de todos los conventos situados en descampado, en las provincias de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra, “para facilitar el exterminio de las facciones y por convenir a la pacificación de las provincias sublevadas”. Finalmente, en 1836, se suprimieron todas las casas de religiosos varones, con la única excepción de los tres colegios reservados a la formación de los misioneros con destino a Asia, así como los hospitalarios y los escolapios.

Uriarte en 1840, acabada la Guerra y aplicado el último decreto de Exclaustración1Real Decreto de 13/XII/1840 emitido durante la regencia de Baldomero Espartero. que cerró los últimos cinco monasterios abiertos en Azpeitia, Lazkao, Loiola, Sasiola y Zarautz, abandonó el convento y recaló en Markina, en la casa de Conde de Peñaflorida, donde profundizó en el conocimiento del euskera, lo que le llevó a ser traductor de Juntas Generales. Además, por su condición de excelente orador, se dedicó a las “misiones”, esto es, ir de pueblo en pueblo predicando, no a otros países.

En 1856 Bonaparte escuchó un sermón de Uriarte en la iglesia de San Nikolas de Bilbao, y lo convirtió en su colaborador. Como consecuencia de la alta consideración en que le tenía, Bonaparte le encargó la traducción de la Biblia… ¡al dialecto de Gipuzkoa! Lamentablemente, la publicación, iniciada en 1859 como “Biblia edo Testamentu zar eta berria Aita Fray Jose Antonio de Uriartec latiñezco Vulgatatic lembicico aldiz Guipuzcoaco euscarara itzulia”, no llegó a publicarse en su totalidad.

Caserío antiguo de San Vicente (San Bartolomé), barrio mencionado en ambas cartas

En 1858 Uriarte viajó a Londres con el encargo de supervisar la impresión de diversos trabajos de Bonaparte.

En 1859 se reabrió el convento de Bermeo y, un año después, Uriarte volvió a la vida monacal. Siguió trabajando para Bonaparte, aunque con gran dificultad, por la oposición de su superior. Testimonio de esta hostilidad constituye una carta que remite en octubre de 1864. En ella pide a Bonaparte que interceda ante el Obispo de Vitoria. Bonaparte le escribiría, aunque sin éxito. Sin embargó Uriarte no se rindió y, en 1862 retorna a Londres para continuar con el trabajo que tenía encargado. Lamentablemente, al empeorar su salud, se traslada en 1867 a San Millán de la Cogolla, con la intención de restablecerse. Allí sigue trabajando, casi a escondidas, hasta 1868, en que envía sus últimas traducciones. Al año siguiente, ya gravemente enfermo, marcha al convento de Zarautz, donde fallece el 20 de enero.

Con el fin del Segundo Imperio francés y la instauración de la Tercera Republica en Francia Bonaparte perdió en 1868 su jugosa pensión que le permitía sufragar sus investigaciones. En consecuencia, el resto de los trabajos de Uriarte, así como otros, no consiguieron ser publicados.

Los trabajos más conocidos de Uriarte son “Marijaren illa edo Maijatzeco illa” (1850), muy usado en servicios religiosos, y “Jesus Sacramentaduari eta Ama Doncella Mariari Visitac” (1856). La mayoría de los publicados en Londres por Bonaparte, desgraciadamente, tuvieron una escasa difusión por su pequeña tirada y alto precio, ya que, aun siendo mayoritariamente textos religiosos, se publicaron por razones de estudio de la lengua.

Es de destacar que Uriarte, además, realizó una recopilación de poemas escritos en el dialecto de Bizkaia por diferentes autores. Lamentablemente dicho volumen no vio la luz hasta 1987 con el título de “Poesía Bascongada”.

Uriarte trabajó para Bonaparte en una sociedad convulsa, en proceso de cambio, entre dos guerras civiles (1833-39 y 1874-76) que desangraron y arruinaron el país, tras una exclaustración, sobreviviendo a la epidemia de cólera de 1855 (que acabó con el 4% de la población de Bizkaia), y con una salud precaria. Además de hacer traducciones, aprovechaba el tiempo de las misiones, que solían durar quince días (en las que daba dos sermones diarios de una hora de duración y confesaba a todo el vecindario), para recabar información acerca del dialecto que se hablaba en cada lugar, y sobre el uso del euskera.

Las cartas

La totalidad de las cartas escritas a Bonaparte por Uriarte, como la mayoría de la información relativa a Bizkaia, están en el archivo de la Diputación Foral de Bizkaia. Sin embargo, observado que en algunas páginas web figuran con algunos errores, hemos decidido transcribirlas aquí en su totalidad, no solamente lo concerniente a Barakaldo, y respetar la grafía original. Este material se encuentra en Euskal Herria gracias al trabajo de R. M. de Azkue, quien convenció a las Diputaciones de Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra, para la adquisición de dicho fondo al ser puesto a la venta en 1904. Curiosamente, en el resto de las cartas escritas entre junio de 1863 y el fallecimiento de Uriarte en 1869, no hay ninguna otra mención a la extensión del euskera o el uso del mismo en pueblos limítrofes.

1) Carta de José Antonio de Uriarte

Señor Dn Luis Luciano Bonaparte.

Marquina 16 de Mayo de 1864.

Mui señor mio y de toda mi consideración y aprecio: participo a S.A. que he averiguado con toda exactitud cuantas preguntas me hace para el mapa linguistico. En Baracaldo los barrios de Regato y Retuerto son enteramente castellanos y es mui raro el que en estos habla bascuence: pero en los otros cuatro, que son Beurco, Burceña, Yrauregui y Landaburu la gran mayoría es bascongada, porque poseen ambas lenguas, y aun algunos mui jovenes no saben bascuence. En el barrio de San Vicente la mayoria es castellana, aunque tambien hai bastantes bascongados. Olaveaga y Deusto con Zorroza son también bascongados, aunque se habla mucho castellano. La Campa y las Arenas, que son tres casas son bascongados. Por la parte de Arrigorriaga el castellano esta reducido á la poblacion de reunida con Bilbao en Achuri y Bilbao la Vieja; de consiguiente todas las barriadas por las que me pregunta como son: Bolueta, Venta alta, Madariaga, Aguirre, Artunduaga, Yllumbe é Ybaizabal son enteramente bascongados.

Hace pocos días he estado en Araya y he tenido el gusto de visitar á la Señora Madre y hermanos de Dª Clemencia, que se hallan con salud.

Es cuanto tiene que manifestar á S. A. su at. seg. serv. L. L. M. B.

Fr. Jose Antonio de Uriarte”.

2) Carta de Fr. José Antonio de Uriarte

Señor Dn Luis Luciano Bonaparte.

Convento de Bermeo 23 de Abril de 1866

Mui Señor mio y de mi mayor consideracion y aprecio: participo á S.A. que he estado de intento en Baracaldo, y he averiguado que en los barrios de Landaburu y Beurco se habla mucho bascuence y en el de San Vicente tambien algo: pero en el barrio de Retuerto y demas apenas se conoce. He hablado con muchos yo mismo en Bascuence. Como los jovenes, por lo regular, hablan en castellano, este idioma es el que domina.

Tambien he averiguado, que en Urgoiti y Erleches de habla arratiano; y de consiguiente este subdialecto corta el central.

Estoi al ultimo de la traducción de San Lucas, esta vez por primera vez hago la traduccion en borrador, para copiarla despues.

Paselo S.A. bien, y mande cuanto guste a su aff. at. seg. serv. L. L. M. B.

Fr. Jose Antonio de Uriarte”.

Notas sobre las cartas

Si comparamos las dos cartas, veremos que en la primera la relación de barrios es más exhaustiva, ya que figuran 13: Errekatxo / El Regato, Retuerto, Beurko, Burtzeña, Irauregi (hoy en parte Alonsotegi), Landaburu y San Vicente. Por el contrario, en la segunda no aparecen ni Errekatxo ni Irauregi ni Burtzeña. Es de suponer que este último lo englobe en “Retuerto y demas”. Irauregi, que no aparece en esta segunda carta, incluía desde Aldai y Zubileta hasta Güeñes, y sabemos que en el siglo XX todavía tenía algunos vascohablantes, por lo que no parece que se le deba aplicar el “apenas se conoce”.

Errekatxo queda fuera de esta segunda lista. En 1864 se dice que es “enteramente castellano(s)”, pero la toponimia menor presenta formas que solamente se pueden explicar desde la forma oral, como es Goikosolua, o Mingolea, con cambio de B- a M– como en Biarritz > Miarritze. Si miramos los habitantes de este barrio en el censo de 1826, prácticamente todos sus habitantes son barakaldeses, pero, junto a los labradores, aparecen rementeros, ferrones, herreros, carpinteros y claveteros, síntoma de una pujante actividad industrial relacionada con la minería del hierro, y posible vector de castellanización, que no se daba en Irauregi. Hay que tener en cuenta, además, que cuando Uriarte escribió su carta habían pasado 40 años y en ese tiempo Barakaldo había cambiado de forma irreversible. En 1860 Barakaldo sumaba 75 casas y 437 habitantes. En 1854 se fundó la fábrica de Nuestra Señora del Carmen, que en 1864 contaba ella sola con 600 trabajadores, y en 1862, sobre los restos de una fandería (tipo de ferrería) se fundó la Sociedad Santa Águeda.

Retuerto, Burtzeña y los posibles informantes

De los barrios mencionados por Uriarte, el de Retuerto tiene un interés especial. Aunque se intentó hacer una etimología eusquérica relacionándolo con un inexistente “Erreka-ortu”, es un topónimo claramente romance, que también existe en León, y que significa ‘río tuerto’ esto es ‘río torcido’, del latín “tortum”, con diptongo –ue– propio de la evolución romance. El nombre se documenta desde el siglo XV, pero no sabemos, y parece imposible llegar a saberlo, cuál era su denominación en euskera, lengua que, hay que recordar, no admitía las palabras que empezaban por R-. Pese a ser un topónimo castellano, constituye una isla rodeada de topónimos eusquéricos diáfanos: Agirre (lugar expuesto), Egiluz (ladera larga), Kareaga (calero), Gorostitza (acebal), Zuhatzu (arbolar). Hay que resaltar que la presencia de topónimos castellanos en territorio vascófono no es sorprendente, como el caso de Villabona, en Gipuzkoa.

Cerca de Retuerto se halla el lugar de Burtzeña, que está unido a este por el importante camino comercial Bilbao-Portugalete-Castro Urdiales, que por allí pasaba. Las dos márgenes del Ibaizabal se unían con una barca, dispuesta desde tiempos inmemoriales para salvar las aguas del río, hasta que Antonio de Goikoetxea construyó en ese mismo lugar, en el año 1823, un puente colgante, el primero de su tipo existente en España. Este camino parece ser un eje de penetración del castellano en Bizkaia. Hay que recordar que, además, en la vecina Zorrotza existió desde 1615, hasta inicios del siglo XIX, el Real Astillero.

Pero, además, no podemos olvidar que en Burtzeña existió un convento de mercedarios, el único de varones fundado en Bizkaia, que es más que posible que tuviese alguna influencia en la castellanización. Fue levantado en el año 1432 (no en 1284, como se ha creído), y desapareció en 1836. Curiosamente, en el valle de Mena (Burgos), en la misma cuenca del río Cadagua, existe un lugar llamado Burceña, al que debemos suponer igual significado.

Sabemos que en 1794 en Bizkaia se habían refugiado más de cien monjas y frailes franceses huyendo de la Revolución Francesa, y que el clero estaba deseando una vuelta al absolutismo. El 10 de agosto, 8 religiosos de Burceña se ofrecieron a tomar las armas contra los revolucionarios franceses que hacían incursiones en la zona durante la Guerra de la Convención, y partieron a combatir a Kanpanzar. Es probable que esta acción tuviese consecuencias en el futuro del monasterio, ya que el servicio de información francés conoció este dato, y durante la ocupación napoleónica se produjeron los primeros desperfectos.

En 1820 se volvió a decretar la supresión de los conventos, por lo que el ayuntamiento elevó una carta contra el decreto. Aunque el monasterio se libró de la misma, fue por poco tiempo. El 26 de noviembre de 1836 fue quemado por el ejército liberal, tras la batalla de Lutxana, y la subsiguiente retirada de los carlistas, que habían estado fortificados en él.

De los barrios mencionados por Uriarte, el de Retuerto tiene un interés especial. Pese a ser un topónimo castellano, constituye una isla rodeada de topónimos eusquéricos diáfanos: Agirre, Egiluz, Kareaga, Gorostitza, Zuhatzu… (arbolar)

El examen de los moradores del cenobio en 1826, revela que era pequeño (13 frailes), seguramente una de las causas del decreto de extinción, y que la mayoría de los religiosos eran castellano-hablantes. Localidades de origen: Benafarces (Va), Don Benito (Ba), Arzobispado de Santiago (2, Co), Güeto (Ar), Cenarruza (Ziortza, Bi), Guinta (sic), S. Mrn. de Cartelle (Ou), Markina (2), Logroño, Trujillo (CC) y Celanova (Ou). Como podemos ver, tres eran naturales de Bizkaia (dos de Markina y otro de Ziortza), y otro alavés de Hueto (hoy Vitoria-Gasteiz). Del resto, cuatro eran naturales de Galicia, dos de Extremadura, un logroñés, un vallisoletano, el prelado, y otro que no hemos podido ubicar.

El dato de que, en 1826, tres frailes fuesen de la zona donde vivía Uriarte es muy interesante, puesto que cabe pensar que alguno de ellos fuera el informante de 1864. Es fácil suponer que, al ser expulsados del monasterio, regresaran a su lugar de origen, y que en Markina entablasen relación con Uriarte.

El euskera de Barakaldo y su entorno

El contenido de las cartas enviadas por José Antonio de Uriarte a Louis Lucien Bonaparte dejan, inevitablemente, un poso de insatisfacción. Es verdad que resulta interesante conocer, aunque sea de forma tan breve como la que en ellas se exponía, la situación del euskera en los barrios de Barakaldo, pero sin duda nos hubiese gustado que fueran más extensas, y que la descripción se enriqueciese con muchos más datos: sus peculiaridades, expresiones populares, fórmulas de comunicación, voces infantiles, nombres de plantas y animales, semejanzas y diferencias con las comarcas inmediatas y, en fin, un largo etcétera de respuestas a las preguntas que hoy día podemos hacernos sobre el uso euskera en la anteiglesia y que, desgraciadamente, se quedarán, en su mayor parte, sin respuesta.

Sin embargo, nuestra labor consiste en tratar de hallar la manera de resolver, en la medida de lo posible, esa situación y arrojar luz sobre esas cuestiones acudiendo a todos los medios que hallamos a nuestra disposición.

En primera instancia, posiblemente uno de los objetivos más interesantes que se nos plantean respecto al euskera hablado en Barakaldo es el de establecer su ámbito lingüístico-histórico-cultural y encontrar afinidades y diferencias con los lugares de su entorno, para de esta manera poder estudiarlo utilizando su concordancia en un espectro geográfico más amplio. La herramienta ideal sería, qué duda cabe, disponer de testimonios escritos pero estos son prácticamente inexistentes, por ello nos centraremos en el uso de la toponimia histórica.

Con este fin conviene concretar primero el escenario geográfico que debemos asignar a Barakaldo, analizar su historia y toponimia y compararla con la de otros lugares. Para ello plantearemos una breve introducción histórica sin la cual no se entenderían adecuadamente las semejanzas y las divergencias que bosquejaremos. De todas formas, antes aún de plantear esa cuestión es conveniente hacer una reflexión importante acerca de nuestra forma de contemplar y observar materias como la que ahora nos ocupa. Se trata de la necesidad de evitar presuponer que la sociedad actual, con sus divisiones comarcales, políticas y culturales, debiera haber sido siempre así, sin contrastes ni cambios. Ya Caro Baroja señalaba esta cuestión cuando escribía lo siguiente: “contemplando, por ejemplo, la fisonomía lingüística del N. de la Península, se han visto las grandes diferencias que hay entre vascos, montañeses, asturianos y gallegos. Y estas diferencias actuales se han proyectado al pasado adornadas con unas pocas y malas observaciones psicológicas, de suerte que es muy difícil convencer a la gente de que desde los orígenes vascos, montañeses, asturianos y gallegos no tenían los mismos caracteres que ahora”2BAROJA, J.C., “Los pueblos del Norte”. S. S. 1977.. Creo que esta observación es válida incluso para entornos más pequeños que los apuntados, y que podrían aplicarse hasta dentro de un mismo valle, por ejemplo, el de Somorrostro, de manera que su realidad actual (en este caso referida a la lengua y a la toponimia) no es, necesariamente, fiel reflejo de su –llamémosle- origen histórico. Estas y otras razones semejantes deben tenerse en cuenta ante el panorama histórico que, sucintamente, describiremos a continuación y, por tanto, nos limitaremos a intentar dar una imagen que pensamos que se corresponde con los datos que conocemos y, en la medida de lo posible, libre de prejuicios de cualquier tipo.

Los primeros apuntes sobre Barakaldo, su comarca y los pueblos que la rodeaban se los debemos a los historiadores romanos, pero son tan escuetos y poco concretos en sus descripciones que es mejor no detenerse demasiado en ellos. Nos limitaremos a quedarnos con el dato de que el actual territorio de Barakaldo, y desde él hasta Laredo, se consideraba perteneciente al pueblo de los autrigones, el cual limitaba al occidente con los cántabros y al oriente con los várdulos. Su ciudad más importante en la costa era Flaviobriga, identificada como el actual Castro Urdiales. De su idioma, o idiomas, apenas sabemos nada, y de su paso por la Alta Edad Media (s. v-x) solo hay pequeñas noticias que no consiguen despejar la oscuridad histórica de estos años.

Es muy probable que los cambios generados en los pueblos a través de los años condujesen a la comarca en que se asienta Barakaldo a una situación plurilingüe en la que, si la toponimia histórica que conocemos (no la actual, sino la que podría fijarse en los años anteriores a las cartas de Uriarte) fuese de alguna manera extrapolable a, digamos, inicios de la Baja Edad Media, nos indicaría que existía una población asentada en una realidad euskaldun, básicamente monolingüe aunque con ciertos grupos que conocían el latín (eclesiásticos y funcionarios) y otros que por sus labores como, por ejemplo, mercaderes, marinos o militares, debían tener conocimiento de algún romance y sabrían expresarse en él. Además, esa misma toponimia nos habla de una temprana romanización del noreste del valle de Somorrosto.

Es precisamente la Baja Edad Media el tiempo en que ya podríamos concretar con cierta base de datos fiables la relación de Barakaldo con lo que constituye un entorno cultural que se irá moldeando y clarificando hasta llegar al presente. Algunos autores (Porras Arboledas; Sojo y Lomba) estiman que, en torno al siglo XII, el espacio limitado por los ríos Cadagua y Asón se hallaba diferenciado del resto agrupándose en torno al nombre de Bezio y gobernándose por el denominado “Fuero de Bezio”, consistente en un conjunto de normas y leyes que se mantuvo vigente en algunos aspectos, como el referido a las sucesiones, hasta el siglo XIX. En torno al siglo XIV este espacio se dividió en dos merindades, una de ellas, la más occidental que limitaba con el Asón, mantuvo el nombre y se denominó “merindad de Bezio”, y la otra, al Oriente y con límite en el Cadagua, se corresponde con la “merindad de Las Encartaciones”, en la que se incluía Barakaldo. Ambas merindades se han considerado históricamente vizcaínas, aunque con gobiernos diferenciados: el merino mayor de Castilla -en un tiempo la casa de Santillana- nombraba al merino de Bezio, mientras que el señor de Bizkaia nombraba al de Las Encartaciones (normalmente al mayor de la casa de Abellaneda). A mediados del siglo XIV se produjeron en estas comarcas tres cambios importantes: el primero en el año 1322, cuando María Díaz de Haro fundó la villa de Portugalete; el segundo poco antes del año 1351, en el que Samano y Guriezo, valles situados en el centro de Bezio, protestaron a Pedro I porque se les había sacado de esta jurisdicción para integrarlos en la de Castro Urdiales; y el tercero en 1366, cuando don Tello, señor de Bizkaia, accedió a la petición de Barakaldo, que alegó no tener un fuero propio con el que regirse, para integrarlo en el ordenamiento general de Bizkaia. El historiador Lope García de Salazar nos informa de que, efectivamente, este valle fue tierra encartada: “La tierra de Varacaldo de antigüedad de tiempo inmemorial fue de la jurediçión e Señorío de la Encartaçión, segund que lo era de SomoRostro, e con ella aujan montes, e aguas e yerbas…”.3SALAZAR, L.G., “Las Bienandanzas e Fortunas”, Bilbao 1984.

El ayalés

Desconocemos por qué se crearon las dos merindades, la de Bezio y la de Las Encartaciones, aunque una razón bastante probable es que esta acción viniese determinada porque sus límites definían a su vez otro límite, el existente entre la tierra del rey de Castilla y la del señor de Bizkaia, como se contempla en la carta puebla de Portugalete, en la que se cita el río Lombar (posiblemente el río de la Suma, que nace en la Loma, en Santullán) al establecer el territorio que se otorgaba a la villa: “…desde Vrdayuay fasta el viso de la mar, e sobre Aruelçaga e dende a Vrbel e fermoso e dende a la loma e dende a collado çereso e dende a río Lonuar, por donde se parte el término del rey fasta en Portogalete…”4HIDALGO DE CISNEROS, C. y otros., “Colección documental del Archivo Municipal de Portugalete”, S.S. 1987..

Desde estos años las dos merindades van tomando caminos diferenciados, que se visualizan perfectamente cuando se constituyen en zonas de influencia de dos bandos antagónicos: la parcialidad gamboina, representada en Bezio -y en la mayor parte de Castilla- por el condestable de Castilla, y la parcialidad oñacina, liderada por la casa de Aiara, que apoyada por los Muñatones, es predominante desde Aiara (Araba) hasta Somorrostro. Esta última nos interesa especialmente porque es la que durante generaciones, primero con los Salcedo y después con sus sucesores los Aiara, integra a Barakaldo en una corriente política y cultural que, según Micaela Portilla era, en el momento de mayor expansión, la comprendida entre “la salida al puerto de Colindres y a las riberas de Somorrostro y Baracaldo desde el valle burgalés de Mena a través de las tierras de Tudela, sobre Arceniega y Llanteno, junto a Quejana”5PORTILLA, M., “Quejana, solar de los Ayala”, Vitoria 1983..

Esta afinidad cultural se halla presente aún hoy día y ha sido señalada frecuentemente: “Al Norte de la Llanada, hacia el Oeste, la provincia de Alava desciende hacia la depresión vasca por los valles de Ayala y Llodio, por los que enlaza directamente con las Encartaciones vizcaínas, y con las que comparte cultura, toponimia y antroponimia…” (Actas de las Juntas Generales de Alava).

Atendiendo al contexto histórico que hemos relatado podría pensarse que esta hipótesis es correcta: Barakaldo, considerado históricamente como parte del Somorrostro encartado, debe compartir historia, cultura e idioma con los valles del hinterland ayalés.

Bezio

Muchos especialistas en toponimia se han percatado de las grandes similitudes que comparten en esta materia el oriente de la actual Cantabria y el occidente vizcaino. Curiosamente achacan o justifican esta similitud por una supuesta influencia cántabra sobre estos territorios y para ellos exponen gran cantidad de ejemplos en los que las relaciones de topónimos se presentan como natural e indudablemente cántabros.

Pienso que es un error.

Viene a cuento recordar nuevamente la afirmación de Julio Caro Baroja que copiaba más arriba: pretendemos juzgar con la realidad actual hechos y circunstancias del pasado, pensando que responden a una realidad inmutable. Algo parecido sucede en este caso. Hoy día muy pocos podrían dudar de que los territorios situados desde la muga de Bizkaia hasta el río Asón sean considerados parte integrante de la actual realidad político cultural de Cantabria. Pero esa misma idea planteada hace menos de 200 años hacia atrás hubiese sido inmediatamente rechazada de plano por la mayor parte de esos mismos pueblos.

La toponimia de la mitad occidental de Las Encartaciones y la de los pueblos que compusieron el antiguo valle de Bezio que dio origen a las dos merindades antes señaladas, la de Bezio y la de Las Encartaciones, responde a un romance con peculiaridades bien definidas y características de esta zona, en algunos casos presentando topónimos específicos de ella que no se encuentran repetidos prácticamente en ningún otro lugar.

Hay un ejemplo que nos parece paradigmático, Laiseca. Son varios los autores que se han detenido a examinar este topónimo y sus variantes6Son muchos pero señalaré los trabajos de: RUIZ DE LA SERNA, A. y FERNÁNDEZ PALACIOS, F.: “El topónimo La Iseca en el oriente de Cantabria y el occidente de Vizcaya”. Santander 2005.; GONZÁLEZ, A. “Toponimia Mayor de Cantabria”, Santander 1999.. Lo más curioso es que todos han coincidido en señalar que el ámbito en que se hallan repartidas está limitado al espacio que antes hemos indicado, pero olvidan concretar que es coincidente con el término general de Bezio. Dicho en otras palabras, el norte y la costa de la antigua autrigonia: La Iseca (Voto, Guriezo), Iseca Nueva, Iseca Vieja, Isequilla (Liendo), Laiseca (en Rasines, Karrantza, Villaverde, Artzentales, Balmaseda, Sámano), La Isequilla (Zalla), Laiseca de Arriba y Laiseca de Abajo (Galdames), Laiseca (Gordexola).

Probablemente desconocen los que hemos hallado correspondientes a: San Pedro de Abanto que se encuentra en las formas Las Disecas, Isecas, Disecas, Lisecas, Desecas y Alisecas; a Ortuella, en la forma Aliseca y Eliseca; a Santurtzi, en la forma Las Ysecas, Lisecas, Visecas, Laiseca, Yzeca, Ysecas.

Es decir, con un solo topónimo hemos recorrido prácticamente todos los pueblos de la merindad de Bezio y de las Encartaciones. Lo asombroso es que no se halla (al menos en los estudios que conocemos), fuera de estos límites. Alberto Rodríguez reconoce que se hallan limitados a un espacio concreto: “no solo los topónimos mayores enunciados, sino todos los topónimos menores recogidos han sido localizados en la parte Oriental de Cantabria” (Toponimia Mayor, p. 210). Este hecho y el que también existan en Las Encartaciones inclina, a su entender, la balanza “a favor de que la explicación de iseca como préstamo del vasco”, que se traduciría por acequia o desagüe. Sin embargo, hay que decir que en realidad es un préstamo árabe, ya que al igual que acequia deriva del árabe hispánico assáqya, y este del árabe clásico sāqiyah ‘irrigadora’. La cuestión no es tanto su origen inicial, el árabe, si no el idioma de trasmisión que hizo, entre otras cosas, que en lugar de una zeta tengamos una ese.

Claustro del convento de San Francisco de Bermeo

El mismo trabajo encomiable de Alberto Rodríguez nos ofrece también la posibilidad de visualizar la característica diferencial de Bezio con respecto a Cantabria por simple contraposición. Basta observar en qué lugares se distribuyen los topónimos recogidos para comprobar que son pocos los que incluyen a Bezio en el espacio general. Por ejemplo, la raíz “Busta” extendidísima por Cantabria no tiene –hasta donde conocemos- ni una sola correspondencia en Bezio. Ni otras comunes y con varios derivados en el resto de la provincia como Cándano, Cieza, Cilla, Concha, Dueso, Gándara, Quejo, Vejo.

El euskera de Barakaldo, su permanencia

Una cuestión importante es saber cuál es la razón de la permanencia del euskera en Barakaldo, frente a la castellanización, no solo del resto del valle de Somorrostro, si no del resto de la Tierra Encartada. Creo que la razón es la misma que concluyó que el euskera se perdiese antes en Artziniega que en el resto del valle de Ayala / Aiara. Se trataría de un curioso efecto mariposa, en el que algo sucedido en una zona relativamente lejana afectó de forma diametralmente opuesta a estos territorios. El fenómeno sería la división eclesiástica de Euskal Herria. Como es conocido, hasta 1949 no se creó la actual Diócesis de Bilbao, que abarca la provincia de Bizkaia, excepto Orduña. Esta diócesis surgió de la de Vitoria, creada en 1861, y que abarcaba las tres provincias de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa. A su vez, y este es el dato significativo, la Diócesis de Vitoria surgió con la unión de terrenos de cuatro diócesis, las históricas Pamplona, Calahorra y Burgos; y la más moderna de Santander creada en 1754 desgajandola de Burgos, y que incluía, además de la provincia de su nombre, Las Encartaciones y Valle de Mena.

Barakaldo, Gordexola y la mayor parte de Aiara se situaron en el limite de una extensa zona vascofona, mientras que las Encartaciones vasco-hablantes lo hiceron en una zona periférica de la Diocesis de Burgos

La extensión de la Diócesis de Calahorra la estableció el rey Alfonso VI en el siglo XII con la unión de la sedes de Armentia, Nájera, Albelda, San Millán y Calahorra, y abarcaba un extenso territorio desde el mar por el norte, entre Deba, comprendiendo el antiguo Valle de Leintz en Gipuzkoa, y el Ibiazabal; y el río Alhama y la sierra Cebollera por el sur. De Álava y Bizkaia solamente quedaban fuera de su jurisdicción Las Encartaciones, sin Barakaldo y Gordexola, y los pueblos del valle de Aiara situados al oeste del río Ibaizabal (en este caso se llama así el que baja de Angulo) incluyendo la villa de Artziniega y los pueblos de su entorno. Al crear esta Diócesis, la Antigua Valpuesta fue dividida en dos, entre Calahorra y Burgos. Esta disposición real fue refrendada posteriormente por la Santa Sede que en 1109 decretó que “…permanezcan unidas a dicha Sede y sometidas a ella los arcedianatos que en los tiempos presentes la dicha iglesia posee, es decir, Alava, Vizcaya, Najera y ambos Cameros…”

Como consecuencia de la nueva división, Las Encartaciones y Artziniega no solamente quedaron fuera de la Diócesis que agrupaba el resto de Álava y Bizkaia, sino que además quedaron en otra provincia eclesiástica. Consecuentemente, Barakaldo, Gordexola y la mayor parte de Aiara se situaron en el límite de una extensa zona vascófona, mientras que las Encartaciones vasco-hablantes lo hiceron en una zona periférica de la Diócesis de Burgos.

Barakaldo era uno más de los pueblos de habla vasca en los que los sacerdotes debían conocer el euskera para hablar con sus fieles, perteneciente a un arciprestazgo integrado por otros pueblos vasco-hablantes. Sin embargo, el resto de la Encartación que fue vascófona hasta tiempos recientes, valles de Cadagua y Sopuerta-Galdames y Somorrostro, estaban divididos en dos arciprestazgos, el de Portugalete y el de Castro-Urdiales. En razón de todo ello mientras que los sacerdotes enviados desde la sede de la Diócesis a Aiara, Barakaldo y Gordexola, debían atravesar y convivir en un mundo vascófono, los enviados desde Burgos lo eran desde la Diócesis castellana por excelencia. Testimonio de esta distinta visión del mundo es una visita del vicario del siglo XVIII en la que el delegado del Obispo de Burgos comenta, entre otras cosas, que en Balmaseda se “hacen bailes vascongados”.

Conclusiones

Las cartas de Uriarte nos hablan de un Barakaldo que estaba castellanizándose de forma paulatina, como otras zonas lingüísticamente fronterizas. El cambio demográfico que trajeron las minas y, sobre todo, la actividad industrial, provocaría una aceleración de dicho proceso, como consecuencia de la cual, en una generación, la que había sido lengua del lugar pasase a ser residual y, finalmente desapareciese de la práctica totalidad del municipio. Sirva como ejemplo que en 1826 había 2.099 habitantes, en 1860 el número ascendía a 2.688, y tan sólo 17 años después 4.360.

Tomando como disculpa estas dos cartas y su relación con el euskera de Barakaldo, avanzo una hipótesis que se desarrollará más ampliamente en una –esperamos- próxima publicación sobre la toponimia histórica de toda la costa encartada, es decir, la que se extiende desde Barakaldo hasta Muskiz.

La toponimia nos indica que este espacio tiene una génesis que no se corresponde con la realidad actual, en la que, al menos en torno al siglo XII, existía una unidad cultural, que no necesariamente lingüística, que se agrupaba en torno al denominado “Fuero de Bezio”, y que sin grandes variaciones respondía a la parte norte y costera de lo que los historiadores romanos asignaron al pueblo autrigón.

La comunidad de Bezio de transformó posteriormente en dos entidades jurídicas diferenciadas. En la occidental -valle de Bezio- tenemos un romance con características propias y que, como ha ocurrido con la mayor parte de los romances del norte peninsular, incorporó y se aglutinó en el romance castellano. La otra parte –Las Encartaciones- también tiene el mismo romance, pero en su mitad oriental lo comparte con el euskera, una lengua que no tenemos ninguna razón objetiva para considerarla importada, y por contra debemos entender que era la propia.

Las relaciones culturales de ambos espacios se desarrollan con un intercambio mutuo, y con el resto preferentemente de Sur a Norte, en Bezio desde Medina hasta la costa y en Las Encartaciones desde el valle de Aiara hasta la costa. La lengua hablada, en base a la toponimia, repite este mismo esquema.

Por otra parte, creemos que para entender el distinto devenir del euskera en la franja Aiara-Gordexola-Barakaldo frente al resto de Las Encartaciones es de capital importancia la división eclesiástica existente desde el siglo XII hasta el siglo XX.

Para terminar, me gustaría hacer una apreciación sobre la profunda relación que Louis Lucien Bonaparte tuvo con lo vasco y con el euskera.

Para ello, podemos recordar, por ejemplo, a la mujer citada al final de la segunda carta de Uriarte, Clemencia Richard Grandmontaigne o Granda Montagne, fue posteriormente la segunda esposa de Bonaparte, y cuñada de Claudio Otaegi, su más fiel colaborador. Contrajeron matrimonio en 1881, tras enviudar Bonaparte, pero parece que mantenían relaciones desde bastante antes, como indica la fecha de esta carta, 1866. Hay que recordar que Bonaparte y su mujer vivían separados legalmente desde 1850, y él intentó anular su matrimonio repetidas veces. Pese a su nombre y apellido Clemencia había nacido en Euskal Herria, en Atharratze, Zuberoa, desde donde su familia se trasladó a Araia, en Álava, y era vasco-hablante. Sin duda, ella contribuyó a afianzar la ya de por si estrecha relación que Bonaparte tuvo con el euskera.

Y como prueba de todo ello no hemos más que repetir aquí lo que Bonaparte escribió a Vinson en 1877. Un testimonio del profundo amor que tenía a euskera y a Euskal Herria:

Cuanto a mí, que no tengo el honor de ser vasco sino de corazón, deseo a todo individuo, de cualquier país que fuere, sin exceptuar al Sr. Vinson, la inteligencia, la honradez, la valentía y, sobre todo, la lealtad de la inmensa mayoría de los naturales de esta noble raza.”

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