Revista K-Barakaldo

La tenencia de Huart (1040). Primeros indicios de ocupación medieval en Barakaldo

José Ángel Fernández

En algunas ocasiones un simple paseo a pie por muchas de las calles de nuestros pueblos nos puede acercar a imágenes del pasado. Suelen ser recuerdos propios de nuestra infancia con calles ligeramente distintas, con viejos edificios, el humo de las fábricas y con una ocupación de espacios diferente a la actual.

Posiblemente si preguntamos a nuestros mayores por sus recuerdos nos acerquen a un entorno distinto. Nos sorprenderían con referencias a lugares libres de ocupación, con campos en zonas en los que ahora hay barriadas de casas, con humedales en franjas ocupadas por centros comerciales y arroyos en espacios saturados por modernos viales. Nos pondrían, en definitiva, frente a un paisaje distinto;menos intervenido por nuestra mano.

La labor de muchos investigadores es intentar hacer ese camino regresivo. Estudiando el paisaje que tenemos en la actualidad, el que conocemos y que nos es tan familiar; debemos intentar analizar su evolución, sus alteraciones, pudiendo llegar a delimitar posibles localizaciones de elementos patrimoniales.

En un entorno tan antropizado como puede ser la Margen Izquierda es una tarea apasionante y bella imaginar todo nuestro territorio sin ninguno de los elementos que podemos observar en la actualidad. Intentemos borrar nuestras calles, nuestras casas, las carreteras, las fábricas y polígonos, etc; y probemos a especular cómo sería la Vega de Ansio durante la Edad Media, hace más de 1.000 años.

Por poner sólo un ejemplo. La Edad Media en Bizkaia se suele identificar con las torres como centros de organización y control del territorio durante la lucha de bandos; siendo elementos muy característicos del paisaje medieval vizcaíno a partir de las primeras décadas del Siglo XIV. Barakaldo conserva todavía ejemplos tardíos que recuerdan este periodo de conflictividad medieval, como la torre palacio de Susúnaga o el Palacio Zubileta, ambos del XVI. También contamos con investigaciones que nos acercan a torres desaparecidas como la Torre de Burceña, el cadalso de Landáburu y Torre de Luchana con documentación desde el Siglo XIV; la Torre de Uríbarri y Zuazo del XV; y otras torres documentadas a partir del Siglo XIV como la Torre de Aranguren, Beurco, Cruces, Bengolea, y un largo etc. (GONZÁLEZ CEMBELLÍN, 2004: 473).

La pregunta que nos hacemos muchos arqueólogos dedicados a la Edad Media es relativamente sencilla. ¿Conservamos en nuestros municipios indicios, referencias o pistas de ocupación medieval anterior?

Para contestar esta y otras cuestiones los historiadores contamos con un sinfín de fuentes de información. Desde los propia documentación histórica de la época hasta los nombres que han perdurado en nuestro territorio (la toponimia) pasando por el propio paisaje y las huellas que hemos dejado en él.

Los datos con los que contamos siguen siendo escuetos. Sin embargo nos permiten acercarnos a un entorno y a un paisaje en época medieval muy diferente al actual. Todavía sorprende a mucha gente que se acerca a nuestras excavaciones las referencias a que nuestros pueblos hayan estado ocupados durante la Edad Media por dispersas barriadas muy diferentes a las actuales. Y que nuestras actuales casas y bloques de pisos fuesen hace más de mil años sencillas construcciones de madera muy similares a cabañas.

Solo en los últimos años, la arqueología vizcaína ha permitido documentar los primeros indicios claros a construcciones de tipo doméstico identificadas como granjas, unidades domésticas o aldeas medievales. El registro que nos ha quedado de ellas son unas sencillas marcas de agujeros de poste, y algunos suelos adscritos, que se pueden identificar como evidencias de la existencia de simples edificaciones de madera. En todas las actuaciones arqueológicas realizadas en nuestro territorio en los últimos años podemos contar con los dedos de las manos las excavaciones en las que se ha localizado este tipo de registro.

Nuestra hipótesis, planteada ya en 2010, es que Barakaldo puede albergar restos materiales de una torre o puesto defensivo allá por el siglo XII.

Cuando identificamos estas evidencias rápidamente ponemos estos datos en comparación con otros de nuestro entorno. Es entonces cuando intuimos la existencia en nuestra tierra de un poblamiento semidisperso constituido por simples granjas agropecuarias. Estas evolucionaran a partir del siglo VIII en aldeas por la actividad de élites aristocráticas que imponen nuevos sistemas de explotación y ocupación. Las casas que ocuparíamos entonces serían sencillas construcciones de madera rodeadas por unos mínimos campos de cultivo en los que la única construcción de entidad era una pequeña ermita de reducidas dimensiones rodeada de los bosques y de los recursos de la comunidad.

Si en la actualidad poseemos los datos aportados por el desarrollo de la disciplina arqueológica, hace 20 años sólo se solían utilizar las escasas reseñas aportados por registro textual. Y en este caso concreto Las Encartaciones salían mal paradas al considerarlas una unidad, tanto histórica como geográfica1Debemos recordar, en este punto, que la primera mención que tenemos de Las Encartaciones como bloque unitario data de 1175 en un momento el que los señores de Bizkaia, pertenecientes a la casa de Haro, se están haciendo con todo el territorio convirtiéndolo en un conjunto articulado administrativamente. Según José Ángel García de Cortazar es “una discutida expresión del rey Alfonso VIII, quien confirma ciertas posesiones a un monasterio burgalés, en 1175, in tempore quo Incartationesintroivi” (GARCÍA DE CORTAZAR 1982: 241). En 1366 Don Tello incorpora Barakaldo a la Merindad de Uribe, abandonando Las Encartaciones y pasando a formar parte del señorío., que pecaba de cierto trato diferenciado en relación al resto de Bizkaia.

Se ha solido considerar como un territorio con una personalidad histórica propia desde el siglo XI caracterizado por su amplia autonomía. Creemos que esta definición viene en parte originada, además de por su carácter diferenciador ejemplificado en las Juntas de Avellaneda, por las prontas referencias textuales que hacen mención a relaciones con gentes venidas del Sur. Es el caso de la Crónica de Alfonso III que cita para mediados del siglo VIII la repoblación de Karrantza y Sopuerta con gentes venidas del Ebro y del Duero. Esta temprana referencia textual puede ponernos sobre la pista de un dominio claro de la monarquía astur lo que ha podido provocar la identificación de Las Encartaciones como un territorio más próximo a la influencia occidental.

Tampoco la arqueología ha aportado en las últimas décadas el mismo caudal de información que el resto del territorio pese a tener la primera excavación de Arqueología Medieval realizada en Bizkaia como es la necrópolis y templo del siglo X de la Cerrada de Ranes en Zierbena (APELLÁNIZ, NOLTE: 1967).

Según Juan Manuel González Cembellín Las Encartaciones 28 estarían divididas en tres tenencias navarras: Lope y Galindo

Velázquez (Bellacoz) controlarían la parte más oriental del territorio (valle de Salcedo, Galdames, Sopuerta y valle de Somorrostro); mientras que García Ciclave administraría la cuenca del río Agüera (Turtzioz, Villaverde de Trucíos y Artzentales)

Durante muchos años las únicas evidencias materiales del pasado medieval de esta región eran, junto a la magnífica estela recuperada en Zierbena, otra procedente de la necrópolis de La Casería (Trapagaran), el tímpano románico de la iglesia de San Jorge de Santurtzi o la ventana monolítica de la ermita de San Lorenzo Bermejillo de Gueñes. Catálogo reducido para una región, Las Encartaciones históricas, que ocupa 573 km2 (casi un 26% de toda la superficie de Bizkaia incluyendo el territorio cántabro de Villaverde de Trucios).

Estela de la Necrópolis de La Casería (Trapagaran). Arkeologi Museoa.

A esto debemos sumar la falta de una visión clara del punto de partida. De la herencia del mundo romano.

Los pocos indicios que tenemos del periodo antiguo apuntan a un tipo de poblamiento condicionado en todo momento por los recursos que ofrece nuestro territorio a sus propias gentes y a las de fuera. Roma vino interesada por la explotación de los recursos minerales desde los centros de poder y de administración exógenos (la cercana Colonia romana de Flaviobriga) pudiendo provocar el cambio de los asentamientos rurales en altura (los Castros) a otro tipo de localizaciones hasta la fecha desconocidos pero posiblemente cercanos a otros sistemas de explotación de los recursos circundantes.

Y es que la huella dejada por Roma en Las Encartaciones se caracteriza por las evidencias de explotaciones minerales de hierro, como en los montes de Triano mencionado por Plinio (PÉREZ GOIKOETXEA, 2003: 15), y su propio paso hacia la costa por la calzada Pisoraca-Flaviobriga (MAGALLÓNBOTAYA, 1997). El resto de evidencias son ocupaciones escasamente documentadas en los castros encartados, en cuevas y noticias de hallazgos casuales de materiales.

El tipo de poblamiento surgido tras la caída del imperio podría estar explotando, posiblemente hasta finales del VIII, los recursos que le son conocidos desde la etapa romana o incluso desde la protohistoria.

Por otro lado estos asentamientos se encuentran geográficamente alejados de los centros embrionarios de poder que están surgiendo a su alrededor. Al Este con una sociedad estructurada y jerarquizada como muestran algunas necrópolis influenciadas por lo merovingio y por lo franco. Al Oeste por la embrionaria corte Asturiana (posiblemente muy unida al territorio cántabro); y al Sur por una sociedad a todas luces hermética pero con poderes emergentes que derivarán en el nacimiento de Castilla.

Hasta la fecha no se han localizado necrópolis, estelas o materiales atribuibles al “fenómeno franco o merovingio”, como sucede en zonas tan cercanas como Artziniega, Arrigorriaga, Finaga, etc. Sin embargo dado el estado de la investigación no debemos desechar la posibilidad de que en Las Encartaciones aparezcan elementos de este tipo si consideramos la cercanía a los núcleos documentados en Bizkaia como en el Duranguesado y Finaga (AZKARATE, GARCÍA CAMINO, 1996; GARCÍA CAMINO, 2002), Cantabria (QUIRÓS CASTILLO, 2009; BOHIGAS, 2009) y Ayala. En este último se encuentra Nuestra Señora de la Encina de Artziniega en la que se localizaron una serie de estructuras pertenecientes a un poblamiento tardorromano fechado entre los siglos V y VI, posteriormente alterado por un pequeño recinto rectangular que supuestamente puede identificarse como una primera iglesia altomedieval (GARCÍA CAMINO, TORRECILLA, 2000: 720-721).

Sólo con la repoblación de Alfonso I a mediados-finales del siglo VIII podemos intuir estas poblaciones cuando entran directamente en la historia a través del registro textual directo, o a través de leyendas de difícil comprobación. Una de las más bellas es la citada por el cronista y banderizo Lope García de Salazar: “En el año del Nuestro Señor de DCCXL años arribaron a Santoña, que es cercano a Laredo, una gran flota de navíos con muchas gentes de godos de las islas de Escocia en socorro de los godos de España. Y como venían fatigados de la mar desde lejanas tierras, tuvieron mucho placer cuando vieron la tierra y aquel monte de Santoña, y dando gracias al Señor y a la Virgen Santa María (…) Y llegando algunas de estas gentes a Sestao, que es cercano a Portugalete, y tuvieron allí una gran pelea con los pobladores de allí. Y murió el Infante don Falcón, que era su gran capitán. Lo sepultaron allí y colocaron sobre él una gran piedra que decía y dice: aquí yace el Infante don Falcón de los godos. Hicieron allí una ermita de Santa María y enterraron allí a muchos otros pues entonces no enterraban los cristianos en las iglesias (…)”(GARCÍA DE SALAZAR, 1984).”

En Las Encartaciones sólo poseemos unos pocos elementos que nos hablan de otra realidad a partir del siglo X. Una realidad que por otra parte puede tener su origen en las dos centurias anteriores y que sólo podemos intuir analizando la efigie posterior que nos ofrecen los datos y materiales arqueológicos recuperados.

Como ya hemos comentado, nuestro territorio es privilegiado por conservar una de las primeras menciones explicitas a topónimos fácilmente reconocibles en la actualidad. Hablamos de la aparición de Carrantia y Subporta en el Códice Rotense o Crónica de Alfonso III. Con toda probabilidad estos dos topónimos hacen mención a extensiones de terreno más amplias que los municipios actuales de Karrantza y Sopuerta. Así Carrantia englobaría, además del valle actual, Lanestosa, Artzentales, Turtzioz y el municipio cántabro de Villaverde. Por otro lado Subporta abarcaría los términos de Zalla y Gueñes, ambos situados en el valle de Salcedo. Más dudosa es la inclusión de Gordexola bajo esta denominación (BARRIO MARRO, 2009: 13).

Pequeño valle de Cardeo en cuyo fondo se localizaba la necrópolis y templo de la Cerrada de Ranes en Zierbena.

Podía parecer que la aparición tan temprana de los topónimos Carratia y Subporta, nos harían despuntar en relación al resto de Bizkaia. Nada más lejos de la realidad ya que nuestro territorio, al igual que el resto, se volvió a sumergir en el silencio más absoluto hasta prácticamente el siglo XI.

Podemos hacer mención a las palabras de J. A. García de Cortazar en su magnífica obra de 1985 que hacen referencia a toda Bizkaia: “Este pobrísimo balance informativo reparte cronológicamente, las menciones reunidas entre: siglo VIII, 1(texto); siglo IX, 3; siglo X, 1; siglo XI, 15; siglo XII, 7; y siglo XIII, 20; incluyendo algunas, como las del siglo IX y otros del XII, que, referidas directamente a Álava, pueden iluminar algunos aspectos de la trayectoria histórica vizcaína. (…) Realmente, si aplicáramos con rigor el viejo criterio discernidor de etapas prehistóricas y etapas históricas, fijado en la existencia de fuentes escritas, sólo sería levemente exagerado decir que Vizcaya entra en la historia en el 1051. Solamente los cuatro testimonios anteriores a esa fecha, esparcidos entre el 750 y el 1050, pueden impulsarnos a la temeraria empresa de decir algo de lo que pudo ser la historia de Vizcaya anterior a Iñigo López”. (GARCÍA DE CORTAZAR, 1985: 21-22)

Por lo tanto es a partir del año 1000 cuando nuestro territorio vuelve a aparecer, con cuentagotas, en la documentación retornando a la cabeza del registro textual. Algunos lugares de Karrantza y gran parte de las referencias a los asentamientos en costa, irrumpen en la documentación reflejando intereses y dominios de poderes tanto internos como exógenos: Pando (seguramente el de Carranza), Salduero, Somorrostro, Lanestosa, Sopuerta, Balmaseda, Santurtzi y Pobeña.

Según Ana Martínez y Mikel Unzueta la salida natural del mineral se haría por los viejos puertos medievales 32 de Ugarte-Galindo o la ribera de Ansio. Estos autores se hacen eco de la aparición de estructuras y materiales romanos en el solar en el que se levantó la antigua planta de laminación de Altos Hornos de Vizcaya.

La constatación de que a partir del siglo XI las citas sean más numerosas se puede deber principalmente, y sencillamente, a que la documentación se ha conservado; y a que los escritores de los textos han tenido interés en demostrar y justificar su dominio sobre determinados territorios. “La inclusión de algunos monasterios vizcaínos en la segunda mitad del XI a los que hacen referencia la mayor parte de los textos no implica el carácter precursor del territorio, ni su temprana ocupación y organización, sino el deseo de una institución productora de textos jurídicos y administrativos, como fue otro monasterio (…)” -en nuestro caso los monasterios de Valpuesta, San Salvador de Oña, San Millán de la Cogolla-, “por establecer vínculos con dicho espacio” (GARCÍA CAMINO, 2002: 42).

Por lo tanto la documentación nos está reflejando para el siglo XI otra realidad. La necesidad de estos poderes exógenos de afianzar su dominio en el occidente del territorio -sobre todo en la costa- coincidiendo con la presión en otras zonas de Bizkaia. Estamos ante unos poderes que necesitamos descifrar.

Pero la documentación no solo aporta información histórica del territorio. También nos da referencias concretas de montes, de prados y de advocaciones; en definitiva de localizaciones existentes en la actualidad. Estos nombres son verdaderos tesoros similares a los propios materiales arqueológicos recuperados como las estelas; ya que nos aportan topónimos rastreables en la actualizad en documentos anteriores al siglo XII.

Pocas son las ocasiones en las que tenemos ambas referencias; documentales y materiales. A los establecimientos conocidos por documentación textual anterior al siglo XII sólo en los casos de San Jorge de Santurtzi, San Martín de Carral, San Cipriano de Ranero y en la Villa de Balmaseda tenemos indicios de materiales o estructuras que nos permitan hablar de yacimientos arqueológicos con cronologías cercanas a sus primeras referencias textuales.

¿Podemos tener en Barakaldo indicios de ocupación anterior al siglo XII? ¿Entra nuestro municipio en esta terna de posibles localizaciones de ocupación altomedieval en el occidente vizcaíno?

Nuestra hipótesis, planteada ya en 2010, es que Barakaldo puede albergar restos materiales de una torre o puesto defensivo allá por el siglo XII. Las pistas con las que contamos son relativamente claras.

La primera de ellas es una referencia documenta. Se trata de una cita que puede demostrar la implantación en nuestro municipio del sistema administrativo de carácter feudal. Además no es un documento cualquiera. Se trata de la primera referencia al dominio de la monarquía Navarra en el sector oriental vizcaíno.

El documento en cuestión es la donación de arras que en 1040 hace el rey de Navarra García VI a su mujer la reina Doña Estefanía (BALPARDA, 1945); y en la que el monarca concede a su esposa Estefanía, como dote, una serie de vasallos y lugares (Naila, Punicastro, Petralta, Falces, Colindres, Mena, Sámano, etc.). Entre estos se cita Huart.

Para muchos autores Huart podría corresponderse al Ugarte de Barakaldo, a orillas de la antigua vega de Galindo; barriada situada junto al municipio de Trapagaran y a la que podrían unirse los actuales barrios de Kareaga y Retuerto. El historiador Balparda va más allá; opinando que el topónimo Huart definía a los denominados Siete Concejos y Barakaldo. Supondría la casi totalidad de la margen izquierda de la ría y que equivalía al puerto de Bilbao actual, al localizado entre Portugalete y Santurtzi.

El actual Ugarte se caracteriza por ser una zona muy difuminada por las constantes obras de construcción, drenaje y canalización del río Galindo. Significativamente toda la vega se encuentra hoy en día ocupada por modernos torres de pisos y por el centro comercial Megapark.

Son muchas las referencias que los autores vizcaínos han hecho al río Galindo, la más de las veces como referencia ocupacional a lo largo de la historia en la desembocadura del Nervión. Tanto es así que el río Galindo, junto al tramo final del Kadagua, ha sido utilizado como punto de distribución tradicional del hierro de Triano desde época romana2Prueba de esta actividad es la localización de materiales pertenecientes a los siglos IV-V d.C. en el yacimiento de Oiola II (LORENZO, 1990: 79-82)..

Según Ana Martínez y Mikel Unzueta la salida natural del mineral se haría por los viejos puertos medievales de Ugarte-Galindo o la ribera de Ansio (MARTÍNEZ, UNZUETA, 2003:175). Estos autores se hacen eco de la aparición de estructuras y materiales romanos en el solar en el que se levantó la antigua planta de laminación de Altos Hornos de Vizcaya. Tras el abandono de esta industria, y durante los trabajos de excavación para la cimentación del BEC, aparecieron estos materiales que fueron identificados por un trabajador (MARTÍNEZ, UNZUETA, 2003: nota a pie Nº 5, pag. 176).

Las excavaciones arqueológicas que se están efectuando en el interior de la Villa de Balmaseda nos acercan a fases de ocupación anteriores a la fundación de la misma en 1199.

También el entorno en el que se sitúa Ugarte se ha citado posteriormente. Sin embargo la fuente a la que debemos hacer referencia es una leyenda escrita por Lope García de Salazar. En sus Bienandanzas e Fortunas detalla el origen de algunos linajes y para ello cita como en el 740 llegan unos godos escoceses a Santoña para ayudar a los peninsulares; uno de estos caballeros pobló Soleta de Gilus, entre Trápaga y Retuerto (…) de allí sucedió don Galindo de Retuerto, que pobló allí, donde vienen los de Retuerto. Además, de Gilus sucedió otro que pobló en Mesperuza de Barakaldo, del cual sucedió Sancho López de Barakaldo, que pobló en Vizcaya muchos monasterios (…)” (OLABUENAGA 2009: 4). Estas referencias no dejan de ser leyendas sobre el origen de linajes realizados en pleno siglo XV. Sin embargo los topónimos que aparecen en el documento, como Retuerto, Galindo y Mesperutza, inciden sobre la misma zona.

Mención aparte merece este último, Mesperuza. La barriada actual de Mesperutza se localiza en una media ladera colgada sobre un meandro del río Galindo, en la entrada al valle de El Regato y en las estribaciones más orientales del monte Argalario. Por lo tanto a esta mención debemos unir su inmejorable ubicación.

Volviendo al documento de 1040, además de la referencia topográfica a Huart, hace mención a los señores o tenentes que ostentaban el poder “Senior Lope Vellacoz, et senior Galindo Bellacoz, cum Colindris et cum Huart, et Mena, vel Tutela, et Lanteno cum omnipertinentiaeorum. GarsiaCiclave cum Samanos et cum suapertinentia (…)(BALPARDA: 1945).

Según Juan Manuel González Cembellín Las Encartaciones estarían divididas en tres tenencias navarras. Lope y Galindo Velázquez (Bellacoz) controlaban la parte más oriental del territorio (Valle de Salcedo, Galdames, Sopuerta y el valle de Somorrostro) y el extremo occidental (Lanestosa y Karrantza); mientras que García Cíclave administraba la cuenca del río Agüera (Turtzioz, Villaverde de Trucíos y Artzentales (GONZÁLEZ CEMBELLÍN, 2004: 49).

La mención a personajes concretos nos permite intuir cierto dominio señorial; y por lo tanto ejemplos de poderes embrionarios. Es el caso de nuestros personajes, tanto Lope como Galindo Velázquez (Bellacoz). Conocemos un poco más del poder de Lope ya que suscribe cartas del rey de Pamplona en la reconstrucción del monasterio de Santa María del Puerto de Santoña en los años 1042 y 1047.

Sin embargo debemos destacar que en 1051 se le cita como senior Lope Blascoz Baracaldonensis en la carta de donación del monasterio de Axpe de Busturia a San Millán de la Cogolla que hacen los condes de Bizkaia Don Iñigo y Doña Toda (GARCÍA CAMINO, 2002: 400). Esta cita no deja lugar a dudas sobre su dominio sobre nuestra localidad nombrándose auténtico Señor de Barakaldo en pleno siglo XI.

La finalidad de estos tenentes era la de actuar de gobernantes. Eran administradores de poderes públicos subordinados al propietario del territorio. Sus funciones eran mantener la paz en la tenencia, la defensa del territorio, la administración de justicia y la recaudación de tributos.

En definitiva eran instrumentos de los señores para transformar las estructuras gentilicias, reordenar el territorio, encuadrar a las poblaciones e imponer modelos de articulación social de tipo feudal. Síntomas evidentes de posibles confiscaciones, adquisiciones, abusos y de “usos malos” que evidencian diferenciaciones (PEREDA, 1997: 77; GONZÁLEZ CEMBELLÍN, 2004: 49). Pueden ser el más que probable origen de los contrastes que desencadenarán la lucha de bandos bajomedieval. Este desarrollo queda magníficamente reflejado en la tesis de Juan Manuel González Cembellín (GONZÁLEZ CEMBELLÍN, 2004).

Por lo tanto podemos llegar a imaginar la función y los objetivos de estas tenencias a nivel general. El fin de la mayoría era la organización y el control del territorio. La fijación de un poder a un espacio concreto; en este caso la monarquía Navarra en un territorio muy alejado de su origen.

Pero podemos llegar incluso a intuir el objetivo de la tenencia que debería situarse en Huart, en nuestro Ugarte.

Monte La Mota vista desde Goronillo.
En su vertiente oriental se localiza Mesperutza.

En ocasiones las tenencias surgen, o se instalan, en zonas de frontera en constante cambio. En localizaciones de difícil defensa o en posiciones consolidadas de interior con una función más recaudatoria. El caso concreto de Ugarte puede estar relacionado, sobre todo, con esta segunda opción.

Y es que la recaudación frente una posible salida del mineral de hierro de los Montes de Triano tuvo que ser un objetivo principal de la monarquía navarra. La posibilidad real de situar en la Vega de Galindo de un embarcadero que catalizaría la salida y el control del mineral de Hierro pudo llevar emparejada una apropiación de rentas derivadas de este producto similar a la que en plena Baja Edad Media realizarán los moradores de Muñatones con su puerto de San Martín.

Poco más sabemos de las tenencias. Hasta el punto de desconocer si las referencias textuales hacen mención a un determinado distrito territorial o a un núcleo fortificado concreto. Tampoco conocemos su origen. Tenemos la primera cita textual desconociendo por completo si la ubicación de la tenencia se realiza sobre un entorno o punto ya existente con antelación.

El objetivo de toda investigación es agotar todas las herramientas con las que disponemos en la actualidad. Hasta el momento toda la información con la que contamos proviene de referencias textuales y toponímicas.

Sin embargo no debemos desestimar la posibilidad de detectar estructuras materiales adscribibles a este elemento.

Un control efectivo sobre el territorio por parte de los monarcas navarros podía haber derivado en la construcción de un pequeño castillo en zonas, como la nuestra, en las que era aconsejable un control más directo.

Si fijamos nuestra atención en el mismo Ugarte podemos localizar varios montes (a la espalda del propio barrio y bajo las cumbres de Argalario, Mendibil y Bitarratxu) con una ubicación inmejorable. Se trata de dos elevaciones denominadas comúnmente La Mota y Goronillo. Ambos podrían arrojar algo de luz en este aspecto, ya que al topónimo del primero podemos añadir los indicios (localización y visibilidad) detectados en el segundo.

Durante nuestra investigación de 2010 centramos el posible establecimiento de la tenencia en el monte Goronillo (272 msnm), ya que en este enclave se dan varios condicionantes que pueden probar la existencia de anteriores fases ocupacionales. La hipótesis inicial es la perduración de elementos (pruebas materiales) pertenecientes a un punto de control tipo castillo.

Uno de los primeros indicios a favor es la propia geomorfología del enclave. Se trata de un monte con forma piramidal en la que destaca su silueta desde la casi la totalidad de la vega del Galindo. Las propias fotografías aéreas del enclave distinguen incluso cuatro vertientes claras con cierta desviación hacia al Oeste.

Mientras que al Norte y al Sur da a los términos de Burtzako y Pasaje respectivamente (el último actualmente muy alterado por la construcción de los actuales túneles de la Variante Sur Metropolitana), al Este destaca su situación dominando Sobrecampo (y por lo tanto todo Ugarte y Susunaga) y al Oeste por las rampas que ascienden al Monte Argalario.

Las pendientes son pronunciadas en todas sus vertientes destacando sobre todo la oriental, lo que refrenda la imagen de elevación dominante sobre el entorno inmediato. Todas las inclinaciones aportan esta efigie ya que la occidental también presenta un acusado desnivel frente al monte Argalario.

La cumbre está formada por una plataforma cuadrangular de aproximadamente 2.200 m2 de los cuales 1.200 m2 son relativamente planos. Destaca esta superficie superior por contar con una alineación en la vertiente occidental que puede corresponderse con una antigua defensa. El resto de la plataforma presenta otras posibles alineaciones a contraterreno que pueden corresponderse con restos de anteriores estructuras de muros derrumbados. Estas son apreciables en la franja septentrional y oriental, justo en la zona en las que es más necesaria la presencia de las mismas; ya que el afloramiento rocoso occidental puede haber facilitado la defensa por este sector.

Durante la prospección intensiva realizada, como durante el análisis posterior de la cartografía conservada, no se observaron caminos de acceso claros a la plataforma superior. Únicamente un pequeño sendero en la esquina sureste parece enlazar con un antiguo camino ya observable en la fotografía del vuelo americano de 1945. No se detectan otros senderos o caminos en zig-zag. Goronillo cuenta además con fuentes de agua como atestigua la presencia de abrevaderos de ganado, todavía en uso, en la vertiente occidental.

Muchos de las características que observamos en Goronillo son extensibles a la otra de las localizaciones propuestas y analizadas como es La Mota.

Se trata de otra elevación que destaca sobre la Vega de Ansio. En este caso más escorada al Este y dominando también parte del pequeño valle de Gorostiza.

La Mota sin embargo, y pese a tener a favor el propio topónimo, se encuentra en una cota inferior, más accesible y unida por el franco oeste con el cercano conjunto de casas de Mendiola cercano a Santa Lucía. Esto provocaría un mayor esfuerzo constructivo de inserción de defensas, de las que tampoco tenemos indicios claros. Únicamente ciertas anomalías observables en la evolución de las fotografías aéreas nos podrían situar ante evidencias de anteriores modificaciones del terreno. No obstante, de manera preliminar, solo las podemos poner en relación con la inserción de antiguos caminos de acceso o modernos aterramientos.

Sin embargo estas alteraciones sí parecen respetar un elemento que puede ser de interés. Y es que de los aproximadamente 14.000 m2 que tiene su plataforma superior, debemos poner nuestra atención en los 3.300 m2 situados en la cumbre; ya que su forma recuerda algo a una mota. Estas construcciones se caracterizan por situarse sobre un cerro en el que destaca un montículo realzado de tierra que suele ser artificial y que es acompañada de estructuras de madera.

Además de esta hipótesis La Mota atesora también características (en pequeña escala) que son coincidentes con gran parte de las barriadas de caseríos en las que intuimos la presencia de un poblamiento altomedieval tipo aldea. La perduración del asentamiento a media ladera, la posición dominante cercana a fuentes de abastecimiento (como superficies planas para campos o el mismo monte), el topónimo haciendo referencia a una ermita desparecida, etc.

En definitiva vemos como dos de las posibles localizaciones propuestas en nuestro estudio presentaban características suficientes como para albergar elementos que se puedan corresponder con la Huart citada como tenencia navarra. Sin embargo el desconocimiento general que tenemos de las tenencias nos lleva a pensar en dos posibilidades.

En primer lugar podemos llegar a tener la fortaleza de pequeño tamaño cuyo objetivo prioritario puede ser el control, el estar presente, y la de infundir la sensación de control.

Goronillo encaja en esta tipología como algunos de los castillos documentados y probados de Bizkaia. Es el caso de los localizados en la costa, en los valles, en las rías principales o en zonas en las que se controla el paso o el acceso al territorio. Se sitúan sobre “cerros cónicos de laderas pronunciadas, poco aptas para cualquier explotación agropecuaria o para la instalación de la residencia señorial (…)se encuentran en posición estratégica sobre vías de comunicación natural, aunque relativamente alejadas de ellas y de los asentamientos que dominan visualmente (…) poseen estructuras simples y de escasa entidad constructiva hasta el punto que resulta difícil su identificación en el terreno (…) disponen de una plataforma superior de dimensiones reducidas” (GARCÍA CAMINO 2002: 266).

Sin embargo La Mota puede ejemplificar el establecimiento de la tenencia sobre un asentamiento consolidado como es el caso cercano, tanto físicamente como cronológicamente (también se cita en 1040 bajo el dominio de los mismos tenentes que Huart), de Tudela en Ayala. Es en el siglo IX (864) “cuando una familia encabezada por una mujer, por Elduara, y sus hijos, (…) donaba a la iglesia de Santa María de Tudela “todos los bienes muebles e inmuebles que poseían, es decir, edificios, manzanos –pommares–, viñas –vineas– y tierras de sembrar –terras sationaviles–, “todas cuantas en este mismo valle obtuvo nuestro padre”, el marido de Elduara ya fallecido, quien habría llegado a esta elevada zona del sur de Artziniega para asentar su hogar” (HIDALGO, J. 2009: 72-90). En este mismos terrenos, posiblemente cercanos a Santa María Magdalena de Retes, se situaría en el 1040 la tenencia de Tutela en una situación también estratégica al dominar los tradicionales Pasos de Gordeliz camino clave entre la costa y el Valle de Mena.

Si pensamos en estos enclaves, y en estos personajes, como formas efectivas que tiene un poder (en este caso la corte pamplonesa) de hacer llegar su control y jurisprudencia, debemos pensar también en la ocupación tanto de lugares estratégicos nuevos como elementos ya consolidados. El objetivo claro es manifestar un poder alejado y exógeno. Los castillos no son más que un ejemplo de la introducción en el seno de las comunidades campesinas y aldeanas de señores que se beneficiaron de la explotación de los bosques y los montes adscritos a la aldea, de los derechos sobre la iglesia y el rendimiento del campesinado. Estos señores pueden ser delegados de unos monarcas alejados como pueden ser este caso; o el origen de una elite que impone nuevos sistemas de explotación y ocupación del espacio.

De momento la arqueología no ha aportado datos de interés acerca de estas tenencias, y solo en las últimas décadas hemos asistido a la realización de excavaciones en recintos similares cuyos datos podemos, en parte, traer a nuestro terreno.

Nuestro objetivo claro en el proyecto de Ugarte es posibilitar su detección e intentar demostrar la perduración de restos materiales atribuibles y adscribibles tanto funcionalmente como cronológicamente. Sabemos de la dificultad de la empresa si nos atenemos a la parquedad de las fuentes con las que disponemos (toponímica y documental), a la escala de los elementos investigados, a lo alterado de las ubicaciones propuestas y a la amplitud del sector en el que perdura el topónimo.

En la actualidad contamos con numerosas herramientas para, incluso, acometer un trabajo utilizando únicamente instrumentos de teledetección no invasiva. El georradar, la magnetometría, los sistemas de información geográfica GIS/SIG, las fuentes cartográficas, catastrales, las fuentes orales, el LiDAR, etc. permiten iniciar cualquier actuación con unos niveles de información difíciles de imaginar hace décadas.

Sin embargo no estamos exentos de plantear en el futuro actuaciones arqueológicas más directas (tipo excavación en extensión o sondeos) que nos permitan posibilitar la detección de elementos pertenecientes a anteriores fases de ocupación en las dos localizaciones propuestas: Goronillo y La Mota.

La prospección arqueológica realizada en 2010 a toda la vertiente septentrional del monte Argalario aportó otro tipo de datos. Además de pasar por el barrio de Mesperutza, lugar citado por la leyenda de Lope García de Salazar, las localizaciones de La Mota y Goronillo nos ofrecieron unas vistas inmejorables que ejemplifican perfectamente el supuesto control ejercido por estas tenencias. Desde el propio Goronillo se distingue la silueta del Montaño (Monte que domina el valle de Cardeo), el Serantes y toda la Margen Izquierda hasta la Vega de Ansio y el sector más septentrional del Gran Bilbao. En definitiva todo el territorio en que se sitúan las localizaciones altomedievales con las que contamos: Zierbena (La Cerrada de Ranes), Trapagaran (La Casería), Santurtzi (San Jorge), etc. todas ellas con ocupaciones entre los siglos X y XII.

Es difícil imaginar desde estos montes cómo sería todo este territorio sin la profunda modificación que hemos realizado sus vecinos en las últimas centurias. Es muy posible que, en el paisaje escasamente transformado de hace más de mil años, el control de esta tenencia se realizase sobre pequeñas barriadas de casas (aldeas) rodeadas de campos de cultivo. El registro textual únicamente nos ha proporcionado sus nombres y sus posibles localizaciones. El desarrollo de la investigación histórica posibilitará, sin duda, la obtención de más datos en el futuro.

BIBLIOGRAFÍA

APELLÁNIZ, J.M.; NOLTE, E. (1964-1965): “Necrópolis medieval de la Cerrada de Ranes, Abanto y Ciérvana (Vizcaya)”, en Noticiario de Arqueología Hispánica, VIII-IX, pp 251-258.

-(1967): “La necrópolis y el poblado de Ranes (Abanto y Ciérvana, Vizcaya)”, en Munibe, 3-4, pp 299-314.

AZKARATE GARAI-OLAUN, A.; GARCÍA CAMINO, I. (1996): Estelas e inscripciones medievales del País Vasco (Siglos VI-XI), I. País Vasco occidental, Universidad del País Vasco.

BALPARDA, G. (1945): Historia crítica de Vizcaya y de sus fueros.

BAÑALES, G.; GORROTXATEGI, M. (2008): La pérdida de toponimia vasca en el Valle de Somorrostro; Sustitución, traducción y toponimia romance, Trueba Encartaciones.

BARRIO MARRO, J. (2009): Introducción a un estudio histórico y patrimonial de las ferrerías de Las Encartaciones, Catalogo de exposición, Museo de Las Encartaciones, Juntas Generales de Bizkaia.

BOHIGAS ROLDÁN, B. (2009): “Un ensayo de síntesis sobre la arqueología de la Alta y Plena Edad Media en Cantabria”.

ETXEBARRIA MIRONES, T. (2008): Aspectos históricos, religiosos, lingüísticos y tradicionales de Las Encartaciones.

FERNÁNDEZ CARVAJAL, J.A. (2010) (En prensa): Arqueología de la Alta Edad Media en Las Encartaciones: Datos para un análisis del Poblamiento Medieval en el occidente vizcaíno: Siglos VI-XII. DEA.

GARCÍA DE CORTAZAR, J.A.: ARIZAGA, B.; RÍOS, M.L.; DEL VAL, I. (1985): Bizcaya en la Edad Media, 4 vol. DFB.

GARCÍA DE SALAZAR, L. (1984): “Las Bienandanzas e Fortunas” BFA-DFB.

GARCÍA CAMINO, I. (2002): Arqueología y Poblamiento en Bizkaia, Siglos VI-XII. La configuración de la sociedad feudal, BFA-DFB.

GARCÍA CAMINO I.; GONZÁLEZ CEMBELLÍN J. A.; SANTANA A. (1987): “La arquitectura prerrománica vizcaína, En Kobie, Bellas Artes, 4, pp 7-37.

GARCÍA CAMINO, I., TORRECILLA GORBEA, M.J. (2000): “Las iglesias, centros de poder y organización territorial (el papel de las iglesias en la reorganización del poblamiento en los casos de Bizkaia y Ayala: siglos IX-XIII)”, en Actas del V congreso de Arqueología Medieval Española, pp 717-726.

GONZÁLEZ CEMBELLÍN, J. M. (2004): Torres de Las Encartaciones, BFA-DFB.

HIDALGO, J. (2009): “El cultivo de la vid, más de mil años de historia documentada en la zona del chacolí alaves”, en Aunia 28.

IBÁÑEZ, M. (1994), Barakaldo: Estudio Histórico-Artístico, Monografía de pueblos de Bizkaia, BFA-DFB.

LORENZO, F. (1990): “Pantano de Loiola (Trapagaran)”, en Arkeoikuska 89, 79-82.

MAGALLÓN BOTAYA, M. (1997): “La red viaria romana en el País Vasco” en Isturitz 8, Cuadernos de prehistoria-arqueología, 1er coloquio internacional sobre la romanización en Euskal-Herria, Eusko-Ikaskuntza, pp 207-231.

MARTÍNEZ SALCEDO A., UNZUETA PORTILLA, M. (2003): “La via maris y el poblamiento costero romano en Vizcaya” en Gijón Puerto Romano, Navegación y comercio en el Cantábrico durante la antigüedad, edit FERNÁNDEZ OCHOA C., pp 163-176.

OLABUENAGA, M. (2009): Barakaldo en el Siglo XVII: Ordenanzas municipales de 1614.

PÉREZ GOIKOETXEA, E. (2003): Minería del hierro en los montes de Triano y Galdames, BFA-DFB.

QUIRÓS CASTILLO, J.A. (Coord.) (2009): Arqueología de la Alta Edad Media en el Cantábrico Oriental, en Actas del Congreso “Medio siglo de Arqueología en el Cantábrico Oriental y su entorno”, 449-500, IAA, Vitoria-Gasteiz,